Es la decisión que más cambia el aspecto final y la que más gente deja para el último momento. El agua de una piscina es transparente. El color que ves es el del vaso, filtrado por el agua y por la luz que le llega en ese momento.
Blanco
Da un turquesa muy claro, casi de agua de playa. Es el que más luz devuelve, así que la piscina se ve más grande y más luminosa. A cambio, el fondo se ve entero: cualquier hoja o sedimento canta.
Azul
El azul profundo de toda la vida, el que la mayoría tiene en la cabeza cuando piensa en piscina. Es el más seguro si no quieres arriesgar, y disimula bastante mejor la suciedad de fondo que el blanco.
Gris glitter
Un gris azulado con partículas que reflejan, tipo laguna. Es el que mejor funciona en casas de arquitectura contemporánea, con piedra clara o madera alrededor. Ojo con esto: es el único color que no cuesta lo mismo que el resto, y va indicado en la cotización.
Beige
Da un verde aguamarina cálido, muy distinto a los otros tres. Combina con tonos tierra y con el chukum, que se usa mucho aquí. Es el menos común y el que más carácter da.
La luz manda más que el catálogo
El mismo vaso se ve distinto a mediodía, con el sol vertical, que a las siete de la tarde. Y se ve distinto con la piscina a la sombra de la casa que a pleno sol. Si puedes, mira los colores a la hora a la que de verdad vas a usar la piscina.
Cuál se ensucia menos a la vista
Ninguno se ensucia más que otro: se nota más o menos. Los claros enseñan el sedimento del fondo, los oscuros lo disimulan pero marcan más la línea de flotación si el agua está descuidada. La diferencia real la hace el mantenimiento, no el color.
En el configurador puedes ver el mismo modelo en los cuatro colores y comparar sin imaginártelo.



